
Ciertos días nos sentamos tranquilamente a leer el periódico o un libro en la cafetería, pedimos el café, un croissant y un vaso de agua y disfrutamos de “esa soledad tan concurrida” de las letras impresas. De cuando en cuando alzamos la vista por encima de las páginas para comprobar que el mundo sigue ahí fuera, para deleitarnos con el paso de algún sujeto, para pedir fuego al camarero. Pero al instante volvemos a la lectura.
Otro día, casi accidentalmente, el café son dos cafés y el croissant son dos croissants. El libro o el periódico se mantienen cruelmente apartados de nuestra vista, apoyados con desdén sobre una tercera silla. Ese día se levanta un vendaval de conversación, de manos sobre manos, de besos, de sonrisas.
La escena se repite, pero ahora con premeditación. Se repiten los cafés. La conversación, que suena ya a buena costumbre. Los besos, que ya no saben a nuevo. Y los mismos dos croissants, desechados a menos de la mitad.
Un día, escena igual, periódicos y libros retoman posiciones, se alzan de su silla, se escurren al mantel y vuelven a sus manos. Y se abren. Los mismos dos croissants y dos cafés y cuatro manos que sostienen el papel. Vuelve “esa soledad tan concurrida”. El desdén del papel se vierte por accidente sobre el otro comensal. Perdón, lo siento, no sé cómo… No pasa nada, no te preocupes. Soledad concurrida o mirada al horizonte.
El café estaba amargo ayer. Ni apetecía acompañarlo con croissants. Yo no sé a este café lo que le pasa. Déjame probar el tuyo. No te molestes, es quinina. Mira, yo me voy. Está bien, te veo luego. Beso de rigor, casi en el aire. Paso alzado, casi una huida.
Sobre el mantel, mi café y dos croissants, como a la espera. Ni libro ni diario. Hoy no toca. Hoy el café no está amargo. Quizás venga. Apoyada en la mano, en recuerdos me roza el vendaval de besos. Miro hacia abajo. Pienso: qué solos están dos croissants con un solo comensal. Entonces, bebo.

Citemos al autor del espléndido sintagma, como debe ser. Eso de “soledad tan concurrida” pertenece a un poema de Mario Benedetti llamado “Rostro de vos”. Lectura recomendada y fácilmente encontrable en la Red.
A nosotros los croissants nos gusta mirar los bostezos de los comensales y sus miradas. Espero no ser devorado por un comensal insomne…
Con independencia del comentario anterior, de frase ya escrita, es también interesante en el contexto creado. No olvidemos que la frases se repiten no sólo en el pensamiento, sino también en la memoria de su lectura y estudio, que aflora en la expresión.
Los plagios son…,otra cosa.
DIVINO.
En esta soledad tan concurrida, en el que los croissants recien hechos del día -eso asegura su jefe- y cafés, y periódicos que a veces vuelan como palomas mensajeras, hay un camarero, con bandeja en mano, deseoso de mandar al cuerno su trabajo, y de participar en los abrazos, en los acurrucos, en saludos, y claro está, de zamparse el desayuno que cada día sirve y requete sirve en esta terraza, junto al mar. Leer al fin tranquilo, el periódico, sin prestar demasiada atención a las concurrencias de las otras soledades, feliz y tranquilo. Un beso, Macu, y mi enhorabuena.
Continuo a ripeterti: perchè non scrivi di più?!
Non per gli altri, certo, per te.
Non sarò obbiettivo…tantomeno qualificato per fare una critica però godo come un pazzo, o rido, o a volte non ci capisco niente però non importa perchè, con lacrime o sorrisi mi diverto un mondo a leggere quello che scrivi.
Alla tua prossima creazione brindo con questo chiaro bicchiere d’acqua che assume diversi colori e, incredibile a dirlo anche sapori attraverso lo schermo del mio computer.
Lino.