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(a propósito del decrecimiento, léase este post)

1. Sustituyamos el jabón para platos por una mezcla obtenida a partir de jabón natural rallado, agua caliente y unas gotas de vinagre. Los más sensibles pueden mejorar la mezcla con unas gotitas de esencia.

2. Utilicemos jabón natural también para la limpieza doméstica. Quizás añadiéndole vinagre, limón, agua caliente o bicarbonato según los casos.

3. Desconectemos el congelador del frigorífico.

4. El bicarbonato, como saben nuestras abuelas, es estupendo como desodorante y para lavarse los dientes.

5. Sustituir las toallitas, los pañuelos de papel , las servilletas, las compresas y tampones, los pañales, las bolsas de plástico… por su versión reutilizable, por ejemplo, de tela. Para la comodidad de los tampones sin sus inconvenientes, se recomienda la copa mentrual.

6. Cambiar todo lo desechable por lo reutilizable (pilas recargables, bolígrafos recargables…).

7. Filtrar el agua del grifo en lugar de comprarla embotellada.

ECO - TRUCOS
La primera norma a tener en cuenta es la diligencia: cuanto antes se traten las manchas, más posibilidades hay de que desaparezcan por completo. La segunda norma es comprobar el funcionamiento del método en una pequeña parte de la prenda o del objeto: si empieza a perder color, podemos dejar la mancha para neutralizar el agente limpiador. Por ejemplo, los efectos de un ácido como el limón o el vinagre se neutralizan añadiendo un alcalino como el bicarbonato y viceversa. Recuérdese que es necesario lavar después de hacer la prueba.
Fruta y vino: Inmediatamente, espolvoreamos sal o ponemos agua con gas muy fría sobre la mancha y la sumergimos en leche antes de lavarla. En general, es buena idea tener agua con gas en el frigorífico como quitamanchas.
Grasa: Ponemos sobre la mancha un poco de agua hirviendo y frotamos con bicarbonato en seco. Al lavar la prenda, utilizamos agua lo más caliente posible y mezclamos bicarbonato para frotar con más jabón del habitual. Asegurémonos antes de que la prenda sea lavable en agua caliente.
Tinta: Sumergimos la mancha en leche.
Sangre: Como con las manchas de fruta y de vino, pero cepillando si es preciso.
Café y chocolate: Mezclamos una yema de huevo con agua templada y frotamos la mancha con ella.
Chicle: Frotamos la mancha con hielo y el chicle se endurecerá desprendiéndose.
Óxido: Sumergimos la mancha en leche cortada con vinagre o limón y luego la frotamos con sal, ponemos la prenda a la luz directa del sol hasta que se seque y luego la lavamos normalmente.
Musgo y humedad: Ponemos jabón con sal en las manchas o pulverizamos vinagre sobre ellas, la dejamos al sol. Repetimos la operación si es necesario.
FUENTE: web de Greenpeace, enlace en el apartado MUNDO del margen derecho;
(traducción del inglés y adaptación, mías)

Formas de vida que esquivan la globalización

Sí, está decidido: me uno a la causa del DECRECIMIENTO, el tabú de los economistas al uso y la denuncia de la falacia del crecimiento sostenible, como forma de vida y militancia.
Maurizio Pallante, uno de sus teóricos en Italia y autor del libro La decrescita felice, lo describe de este modo:

El decrecimiento es elogio del ocio, la lentitud y la duración; respeto del pasado; consciencia de que no hay progreso sin conservación; indiferencia a las modas y lo efímero; recurrir al saber de la tradición; no identificar lo nuevo con lo mejor, lo viejo con lo anticuado, el progreso con una secuencia de rupturas ni la conservación con la cerrazón mental; no llamar consumidores a los compradores porque el objetivo de comprar no es el consumo sino el uso; distinguir la calidad de la cantidad; desear la alegría y no la diversión; valorar la dimensión espiritual y afectiva; colaborar en lugar de competir; sustituir el hacer para hacer cada vez más por el hacer para la contemplación. El decrecimiento es la posibilidad de realizar un nuevo Renacimiento, que libere a las personas de su rol de instrumentos para el crecimiento económico y recoloque la economía en su papel de gestión de la casa común de todas las especies vivientes de forma que todos sus inquilinos puedan vivir lo mejor posible en ella. (traducción mía)

FUENTES: www.decrescitafelice.it ; www.decrescita.it; www.decroissance.org ; http://www.simplicitevolontaire.org; The Ecologist (1 de octubre del 2007) y otros enlaces que podéis encontrar en la sección MUNDO del margen derecho del blog.

NOMBRES PROPIOS: Nicholas Georgescu-Roegen, Jean Baudrillard, Maurizio Pallante, Serge Latouche, Susan George, José Bové, André Gorz, Cornelius Castoriadus, Francois Partant, Vandana Shiva, Francis Gallou, Alber Jacquard, Raoul Jennar, Didier Laurencin, Jean-Claude Besson-Girard, Arturo Escobar, Sabine Rabourdin, Vincent Cheynet, François Schneider, Paul Ariès… entre otros (incluido Pasolini). Además, Oscar Carpintero, Ramón Fernández Durán, Ernest García, Jorge Riechmann, Joan Martínez Alier, José Manuel Naredo…

PARA EMPEZAR:
(en castellano) http://www.ua.es/personal/fernando.ballenilla/Preocupacion/Pepa_Decrecimiento.pdf
(en francés) http://www.courrierinternational.com/hebdo/sommaire.asp?obj_id=604

Para nutrirnos: Consumamos productos silvestres recolectados directamente o autoproducidos (en huerto propio o cooperativa), biológicos, locales, artesanales, de temporada… Protejamos el pequeño comercio y las redes locales comprando directamente a los hortelanos y granjeros. Hagamos el yogur, el pan… Rechacemos las grandes marcas, la modificación genética, la comida envasada, basura o precocinada… Si hay que elegir un envase, que sea de cristal, más y mejor reciclable. Prefiramos los alimentos comprados a granel y llevando nuestra propia bolsa de tela, rechazando el consumo de envases y bolsas de plástico. Disminuyamos la proteína animal, demasiado cara ecológicamente. Cocinemos a fuego lento. Comamos frugalmente. Conservemos las recetas, las variedades y las tradiciones locales.

Para relacionarnos, en la cultura y en las comunicaciones: Tejamos alianzas con toda la comunidad: cooperativas, economatos y redes de consumo local. Protejamos el pequeño comercio y las economías locales, los artesanos y los granjeros. Relacionémonos “mediterráneamente”, de forma cordial y sencilla. Prefiramos la palabra o el correo al teléfono móvil. Huyamos de la homogeneización cultural global siendo creativos, participativos, no espectadores pasivos. Rechacemos la televisión a favor de la radio, el teatro, el cine o la lectura. Protejamos las culturas autóctonas, las lenguas locales, la cultura rural, los hechos culturales diferenciadores de cada enclave (sea rural o urbano), la tradición oral, a los creadores locales y a las pequeñas industrias culturales de cada zona, las raíces, el pasado, la diferencia, la biodiversidad cultural… pero sin fanatismos. Volvamos a las formas de ocio que no impliquen consumo: paseos, excursiones, reuniones, juegos, bricolaje, conversaciones, manualidades, música, dibujo, fotografía, cocina u otras actividades creativas. Aboguemos por el software libre, el copyleft, Creative Commons…

Uso de energía y transportes: Ahorrémosla, reciclémosla, usémosla con eficiencia, de fuentes renovables. Utilicemos bombillas de bajo consumo. Instalemos paneles solares. Reduzcamos los desechos, reutilicémoslos. Mejoremos el aislamiento en casa en lugar de utilizar calefacción o aire acondicionado. Recurramos a abrigarnos ante el frío o usar toldos, persianas, corrientes cruzadas o ventiladores contra el calor. Mantengamos controlados los escapes de agua de nuestros grifos y usemos difusores de caudal. Mejor el agua del grifo a la embotellada. Utilicemos el mínimo papel posible, elijamos el soporte digital. Prefiramos caminar, la bici, el tren, los transportes públicos. Rechacemos el coche. Valoremos incluso la posibilidad de vivir en el centro de la ciudad o cerca del lugar de trabajo.

En cuanto al dinero y su uso: Despreciemos el pago a destiempo, las hipotecas, los créditos, toda forma de usura y especulación. Fomentemos el precio justo, el trueque, el intercambio, las monedas alternativas, los productos verdes… Volvamos al ahorro. Evitemos el consumo superfluo, compulsivo e innecesario. Apostemos por los objetos de segunda mano, el comercio justo y el reciclaje. Compartamos casa y medios de transporte. Organicemos las reuniones en casa proponiendo que cada uno lleve un plato, y no en un restaurante. Seamos sobrios. Consumamos social y éticamente.

A la hora de trabajar: Procuremos que nuestro trabajo suponga el mínimo impacto posible en la naturaleza y que nos proporcione tiempo libre suficiente para progresar espiritualmente, emocionalmente (downshifting). Trabajemos para vivir y no vivamos para trabajar. Trabajemos menos, aunque ganemos menos, para vivir mejor. Huyamos de los trabajos que fomentan la usura y la especulación, el comercio deshonesto, el despilfarro y el consumo compulsivo, el engaño al consumidor, la globalización. Que nuestro trabajo no ponga en peligro a las generaciones futuras.

Para cuidarnos: Fomentemos el equilibrio de cuerpo, mente y espíritu como un todo a través de la dieta, hábitos sanos, un trabajo saludable, una casa sana, huyendo del estrés y las situaciones que provocan confusión mental y problemas innecesarios. Huyamos de todo tipo de agresiones. La muerte forma parte de la vida. “El futuro será espiritual o no será.” Contengamos los deseos y los apegos consumistas. La vida sencilla puede conducir más fácilmente a una vida más intensa en lo espiritual. El consumo compulsivo tiene por objetivo llenar el vacío espiritual de la sociedad contemporánea.

¡Buen decrecimiento a tod@s!

Pinchad el enlace para verlas
Queda pendiente el post dedicado a Ioana, su tesis, los días de Granada y el retrato que me ha hecho mi madrina, que requieren más detenimiento. Por lo pronto, os dejo con las expectativas y una foto de Eva:
Macu anuncia
Macu anunciando…
La tarde del día antes de mi marcha, quedé con David en Café con libros, uno de los locales de la Plaza de la Merced y uno de los espacios de la ciudad que me resultan más familiares, para charlar largo y tendido. Ya os he hablado de David, así que no me extenderé de nuevo.
Al poco rato llegó Nayra, a quien hacía muchísimo que no veía tranquilamente, en un contexto propicio para el diálogo.
Las dos últimas veces que nos vimos -según su memoria y la de Lino, porque de la mía nada de nada (memoria de pez, la mía, por eso escribo)-, fue en la fiesta de cumpleaños de Lino cuando vivíamos en la subida a Conde de Ureña y en otra ocasión en que fuimos al teatro y nos ocurrió algo muy soprendente con uno de los “gorrillas” de la plaza:
Lino se había dejado puestas las llaves del coche y el tipo había pasado un par de horas esperando a que volviese para custodiarlo y dárselas.
Junto con Nayra venía su madre, Lorena. Se habló básicamente de política - incuestionablemente de izquierda- y algo de nosotros, de las investigaciones de Nayra en el Departamento de Antropología de la Universidad de Granada, de cómo son las cosas en el instituto en que trabaja David, en un pueblo de Sevilla, y de cómo son en Senegal, donde vivo yo ahora.
Luego seguimos la conversación bajo los naranjos de la catedral, sentados en un banco, y “fantaseamos” como dice David, viajes para este verano.
En la puerta de Cañadú, el “vegeta” de la Plaza de la Merced, me había dado cita con otros amigos y, en la espera, ese tramo de acera que queda enfrente de la puerta del local, se convirtió en un bullicioso punto de encuentro:
Raúl -hermoso objeto de mi primer cuelgue no platónico en el primer año de facultad y no sólo (pido perdón por esta simplista descripción apresurada y guiño)- y Valeri (no sé cómo se escribe), a quienes nos habíamos encontrado ya por azar por la mañana, pasaban por allí en ese preciso momento, para alegría de Nayra y David;
Jose Espinosa, mi partenaire protagonista en aquella legendaria versión de El caso de la mujer asesinadita de Álvaro de Laiglesia, allá por el curso 1997/1998, se dejaba caer por la esquina con su chaqueta de cuero negra apoyada sobre los hombros y su leyenda: “¿Sabes? Ahora me dedico a perseguir camiones de la basura”, lo que quiere en realidad decir que trabaja para la Consejería de Medio Ambiente).
Pues bien, después de despedirme de David, Nayra, Jose, Raúl y Valeri, cenamos en Cañadú (zumo de manzana, limón y apio; ensalada griega y moussaká de soja -Fuen y M.José, pensé en vosotras-; croquetas de hongos; hamburguesas de soja y espinacas, tortellini, raviolis, tarta de queso…)
con Fosi y Mar�a
con Fosi y María
con Mariel y Tuco
y con Mariel y Tuco,
amazona catedral ganso catedral 1 ganso catedral 2
luego nos paseamos un poquito (demasiado poco, demasiado corto) e hicimos el ganso (también demasiado poco)
despedida real frente a la catedral
y pusimos en escena una “despedida real” ante la catedral.
con Lino y Miguelillo 2 con Yisus

Luego pasamos por el bar de Yisus, el Paranoid, que está detrás de la Plaza del Obispo, a tomarnos un par de rones, hablar de esos tópicos “viejos tiempos”, de amistades perdidas y amistades conservadas, darnos unos cuantos achuchones, planear más viajes y escuchar buena música. Hace unos meses celebramos el cumple del bar en el blog, ¿no os acordáis?

Ha sido todo demasiado fugaz, porque de los seis días allí, uno y medio los pasé malita y dos en Granada, así que me he dejado a tantísima gente por ver en Málaga… Pero bueno, la próxima vez no os dejaré tirados. ¡Perdonadme!

con May
¡Al menos me dio tiempo para subirme a la chepa a mi prima May!

Mi madre me invitó a comer una carne… y eso que ella es prácticamente vegetariana… De hecho, aunque el restaurante era especialmente de carnes, ella comió pescado…

lino dorm�o

Con Lino y Miguelillo: nosotros café y él, agüita. A Lino le hace falta, que está que se duerme.

lino y miguelillo
Aquí el que parece que se duerme es Miguelillo.

to la familia

Con mis padres, mi hermana Inés y mi sobrino, Miguelillo.

NOTA: Mamá, tranquila, sabemos que no eres como sales en las fotos, la fotogenia no es lo tuyo.
lino aflamencao

Y Lino no se estaba marcando un cante… ¡qué va!

… que me invitó a un chuletón de buey para celebrarlo,
chuletón de buey
me hice unas fotos con él y con el encantador enano chupacámara,
con Manu y Miguelillo
pude ver a mi abuela, la Yeya, después de cinco meses, y me contó un par de chistes, única ocasión en que se permite decir alguna palabrota…
con la Yeya
y charlar un ratillo (demasiado chico, la verdad) con mi tita Mamen,
fiel seguidora de este blog.
con tita Mamen
¡Graciaaaaaaaaas!
Recoger a mi sobrino Miguel, que tiene 6 años, del colegio
(fotos de Lino)
 recogiendo a Miguel 1
 recogiendo a Miguel 2
recogiendo a Miguel 3
recogiendo a Miguel 4

BROADWAY

El amor es un juego apasionante
y el mejor sustituto del amor.
De aquel amor inmenso, el amor único,
que uno halla varias veces por el tiempo.

El recíproco amor es lo más bello.
Lo sabemos los dos. Pero es muy grande
el vacío que se abre entre el amor
que se ha ido y el amor que aún no ha llegado.

¿Por qué llenarlo, pues, con la tristeza
si es posible colmarlo de sonrisas?

Si se ha ocultado el sol pueden los faros
del coche iluminar la carretera.
Mientras llega otro amor buscando el nuestro
juguemos, sólo juego, a enamorarnos.

Juguemos a querernos, sin querernos,
hasta el día en que alguno de los dos
vuelva a sentir amor por cualquier otro.
El amor es hermoso aun como juego.

(José María Fonollosa)

bipartidismo - eneko
Obra de Eneko
Más sobre este dibujante venezolano en su blog

Hace más de dos semanas que los estudiantes de la UCAD decidieron ponerse en huelga. Y los estudiantes senegaleses no se andan con chiquitas. Tienen razón en sus reivindicaciones: masificación en las aulas, de la que os he hablado ya, y falta de medios materiales para que la enseñanza sea efectiva (pizarra, micro y fotocopias ausentes o precariamente presentes). El caso es que llevo todo ese tiempo sin dar clase y, además, en la última reunión de departamento, convocada de urgencia, se nos ha dicho bien clarito que ni aparezcamos por el campus hasta nueva orden, porque ya han retenido como rehén a algún profe, gaseado a otros y los antidisturbios son poco de fiar. Con decir que cada cierto tiempo es “jornada negra” por un estudiante muerto en el campus durante las manifas…

Se habla con otros profes y te dicen: aprovecha para hacer otras cosas. Ante esta situación, dos opciones: gravedad o ligereza. Grave es ya el tema en sí mismo, así que no seré yo quien aumente su peso. Ligereza entonces, y como soy tendencialmente radical en mis reacciones, ligereza hasta la superficialidad, hasta la frivolidad: voy y me apunto a un gimnasio.

Sí, lo sé. De hecho, tanto por cargo de conciencia como por repugnancia visceral a los gimnasios, a su sudor en las moquetas y a su exhibicionismo inherente, había rechazado la posibilidad desde que empecé a oír hablar de ello en la comunidad española aquí, pero he sucumbido. Mi espalda chunga y el exceso de tiempo libre han colaborado a mi decisión.

Llevo desde el día 8 de febrero, es decir, un par de semanas y pico, como socia –miembro- del Club Olympique. Como miembro tengo derecho a gozar de las instalaciones, donde hay piscina, pistas de tenis, salas de juegos para críos y bar, pero lo que más me interesa –razón por la cual he decidido dar el sí a este club- es su gimnasio.

Abierto de 8 de la mañana a 10 de la noche ininterrumpidamente y con monitor disponible durante todas esas horas, además ofrece un completo horario de actividades de fitness. De entre ellas, la primera que me llamó la atención y me impulsó a conocer el club, fue lo que ellos llaman Body Balance, que es un híbrido de Tai Chi, Yoga, Pilates, relajación y meditación. Está programado cuatro veces en semana. Me pareció suficiente como para pagar una inscripción anual de 22 euros y 30 euros mensuales. Luego entraron en juego otros factores: por sólo 7 euros más al mes, podía seguir las clases de spinning, a las que iban Irene y Oier, y de las que hablaban bien.

Desde el primer día, fui dos horas. Me parecía poco ir para una hora nada más, así que hice mi primera clase de Body Balance con Badou, que me encantó, y por la tarde hice mi primera hora de spinning, con el loco de Amadí, que es una “bestia parda”, como dice Oier, que lo único que hace es ponerse como una moto encima de la bicicleta y pretender sin éxito que los demás –en bastante peor forma que él, pues no nos dedicamos a ello profesionalmente- le alcancemos. Decidí pagar para hacer también spinning un mesecito y así “ponerme las pilas” de verdad.

Se unieron entonces toda una serie de factores: el hecho de que -por haber pagado ese total- tenía derecho a todas y cada una de las actividades de fitness programadas en el horario del club, mi afán por aprovechar bien el dinero que invierto, la conciencia de mi imperiosa necesidad de actividad física, mi gran cantidad de tiempo libre en una ciudad que no ofrece demasiada actividad de ocio durante el día, un momento de sana reconciliación conmigo y, consecuentemente, con mi cuerpo, y uno de esos pactos que a veces una hace consigo misma: esta vez no te vas a dejar llevar por la pereza, esta vez no, ya has crecido y lo vas a tomar con madurez y compromiso, vas a ir al gimnasio a diario, porque nunca lo has hecho, porque tu cuerpo se lo merece, porque quieres, porque sí, porque ésta es tu oportunidad de sacar partido a ese aparato estupendo al que siempre has dejado de lado, momento de sentir su energía y su potencia, de darle espacio de una vez por todas. Es tu reto de este año: Just do it! (todos los derechos registrados por Nike, pero me importa un pito).

Tan en serio me lo tomé que no me pareció suficiente ir por una sola hora ni siquiera el primer día que fui, como decía. Una vez superada la vergüenza de sentirse perdida en la primera clase, todo fluye como perfectamente engrasado, con los esfuerzos lógicos, porque nunca me he puesto seriamente a hacer abdominales –de hecho, creo que es la primera vez en mi vida-, pero todo va sobre ruedas, me siento como pez en el agua, me encanta sentir el modo en que mi cuerpo se supera y la satisfacción que le produce, los músculos tensos, el sudor sobre la piel, las endorfinas que segrego, este placer intenso, tan intenso como jamás lo he sentido. Bueno, sí, pero no en un gimnasio. Me cuesta trabajo dejar pasar un día sin ir. Creo que me estoy volviendo adicta a las endorfinas del deporte, a su placer.

Después de una primera semana (11 a 17 de febrero) de ir casi a diario y sacar una cuenta media de 2 horas diarias, el gimnasio se hace cada vez más familiar. Hasta le he dicho al monitor de sala que me haga una rutina especial para fortalecer los brazos: caliento con el remo, luego hago al menos 8 ejercicios diferentes y termino haciendo 20 minutos de cardio en la elíptica. Se me ha ocurrido que me gustaría definir un poco los músculos y eliminar grasa superflua, así, por pasar el rato, de modo que busco trucos y consejos naturales –nada de locuras- de culturistas en Internet y encuentro varias ideas que empiezo a aplicar: ajo, proteínas limpias, comer cada tres horas y media, pocos azúcares y carbohidratos…

Acabo de terminar la segunda semana (18 a 24 de febrero) desde que me asocié al club y durante ella el número de horas ha aumentado significativamente: tres horas diarias de media. Ahora el gimnasio es mi segunda casa. Conozco a todos los monitores y me conocen todos por mi nombre: hasta la chica de la recepción y la que me vende el agua. Me veo mejor al espejo durante las clases, más armónica, más fuerte, más ágil, más musculada, más potente, más hermosa, más flexible, más resistente.

Ir al gimnasio y ejercitar mi cuerpo se ha convertido en mi primera ocupación ahora que los estudiantes de la Universidad están en huelga y, por ello, no tengo trabas ni tan siquiera para ir los dos únicos días en que normalmente doy clase. Voy de lunes a domingo, mañana y tarde. De las clases que se imparten en él, dejando a un lado las de step, las coreografiadas y las basadas en movimientos de boxeo, que no me han interesado, hay cuatro actividades que me encanta practicar y que me encantaría poder hacer cada día: Pilates, gimnasia sueca, spinning y sala. Por ahora no tengo la resistencia necesaria para ello. Mi Pepita Pulgarcita se dice aliviada que menos mal.

NOTA: Para ver la imagen de este personaje de mi infancia que me sigue acompañando hoy y a quien algún día dedicaré un fragmento, pínchese para ir al post “Sobre el tiempo…”.

Y mis amigos dirán, ¿pero acaso no hay libros en ese país? ¿no tienes vida social? ¿qué te pasa? Pues los libros que traje para leer ya están agotados y aquí no tengo una estupenda Librería Rayuela ni las bibliotecas están muy allá como para ofrecerme lo que busco, ni siquiera la de la uni; la vida social se hace fuera de horario laboral –que yo casi no tengo-, por lo que mi vida social no se resiente de mi dedicación a “la gym” y… En fin, responder a la tercera y última pregunta me resulta algo difícil. Mis amigos graciositos de la ciudad me dicen que voy en picado hacia la vigorexia. Yo tengo claro que es transitorio. Acabará cuando acabe la huelga, luego haré de ello algo más moderado.

Si os gusta esta loquilla encantadora de la que -sin poderlo evitar- yo ya me he enamorado, buscad más videos en Youtube colgados por el usuario “Malevolia”.
O visitad el blog de MI VECINA MARTIER:

escucha

Un ¡OLÉ! rotundo

No llega la factura de Internet.
Cuando llega, voy a pagarla y ya está pasado el plazo.
Una semana después de haber pagado, me cortan el teléfono por haberme retrasado y me piden gastos de reconexión y me dicen que estaré sin Internet durante una o dos semanas.
Y digo yo: ¿y si la factura hubiera llegado a tiempo? ¿y si no hubiera pagado en absoluto, que al fin y al cabo, no es una compañía senegalesa, sino francesa? ¿y si paso de Internet y sigo usando –como en octubre- la conexión de las oficinas de mis amigos durante un par de meses?
Quizás no sea tan mala idea. De ese modo, utilizaré Internet sólo lo necesario y por la noche, al llegar a casa, volveré a dedicarle su tiempo merecido a la lectura, que ya hace tiempo que no lo hago. No sé, no sé.

He dudado durante dos días, pero he acabado pagando los gastos de reconexión. Ya no sé vivir sin la Red. ¿Debería preocuparme?

El orfanato

Visita al orfanato con Lucía. El sábado pasado, después de la reunión de grupo de teatro -tengo pendiente hablaros de ello- , nos citamos con Lucía para ir con ella al orfanato –‘pouponnerie’, que es como se dice en francés, y es que no es exactamente un orfanato- al que va cada semana. Me pregunto si existe un nombre específico para este tipo de centros, cuya función principal es garantizar alimentación y asistencia a bebés recién nacidos de familias empobrecidas. La madre suele haber muerto durante el parto y, a diferencia de lo que ocurre con los huérfanos, tienen una familia, pero ésta no puede hacerse cargo de ellos. ¿Hospicio? No, creo que la palabra para esto es “casa-cuna”, eso es. ¿O se os ocurre alguna mejor?

Pues bien, esta casa-cuna está regentada por una orden de religiosas católicas. Entre las decanas, al menos dos son extranjeras: la madre Justina, que es española, y una japonesa, cuyo nombre no recuerdo. Casi todas las demás son novicias, que son las que se ocupan directamente de los críos.

La impresión al llegar a las instalaciones es de un silencio que casi asusta, hasta que una deja de subir escaleras y entra en la planta en que están los bebés. Constantemente se oye el llanto de alguno de ellos. Una se lava las manos en una pequeña enfermería donde puede observarse una asepsia que yo no había visto desde que estoy aquí. Entonces, siguiendo a Lucía, Pepa y yo nos acercamos a la sala del fondo, pasando por un pasillo donde, a lado y lado, se ordenan, enumeradas y con el nombre de cada bebé sobre folio rosa o azul según sea niña o niño, una centena de cunitas.

Me cuesta describir el impacto al llegar a la sala del fondo: sobre unos muletones de unos tres por tres metros, decenas y decenas de bebés tumbados boca arriba, unos patalean, otros lloran. Cada uno de estos críos, o cada dos, porque hay muchas parejas de gemelos –ya se sabe que los partos dobles son más complicados- , ha llegado a la vida dejando tras sí la muerte de una mujer. Cada uno de ellos significa el sacrificio mortal de una mujer, como si no hubiera más opción que ella o la nueva criatura. Cada uno de ellos es hijo de una mujer que murió pariendo, que terminó su misión vital en esa nueva vida, que quedará fijada en esa imagen, con el vientre hinchado, las piernas abiertas, sudando, en un grito. Hijos de la parturienta muerta. ¡Y son tantos!

En este escalofrío, mi mirada se pierde entre los niños, de rostro en rostro y de puño en puño, en las lágrimas, en los ojos serenos de algunos, en las sonrisas, en los piececitos que pedalean en el aire. Uno, otro, otro, otro… ¡Son tantos!

¿Qué hago yo aquí?

Entre ellos, cogiendo y meciendo cada vez al que más llora, se pasean las novicias, con el pelo recogido en un pañuelo y con un delantal estampado en blanco y azul. Miro hacia las paredes y descubro una imagen que me impacta: seis o siete señoras blancas, de entre 35 y 50 años mecen, también ellas, cada una a un bebé negro.

Aún no sé explicar bien qué vi en ellas, en aquella estampa, pero no me gustó: asistencialismo, caridad, la buena acción, maternidad frustrada, “apadrine usted a su propio negrito”… No lo sé, pero me entraron unas tremendas ganas de salir corriendo. No me identifico en absoluto con esta actitud, éste no es mi sitio, ¿qué hago aquí?

Lo que me trajo aquí fue conocer esta realidad y pasar la tarde con Pepa y Lucía haciendo lo que ellas hicieran. Acabé enterneciéndome, también yo, con el pequeño Moustaphá, un bebé canijo y cabezón de enormes ojos, que estaba con 38 grados de fiebre y a quien mecí hasta que se durmió, y eso que aún no había comido.

Cuando estábamos a punto de marcharnos, las novicias nos cogieron por banda y nos pusieron a cada una un bebé en una mano y un biberón en la otra. Había llegado la hora de darles de comer y hacían falta manos. No cabía duda, nos marcharíamos más tarde, no era el momento. Cuando hace falta echar una mano, se echa. No sé cuántos biberones di. Sé que cambié al menos quince pañales. Luego nos marchamos.

Ha pasado una semana y aún no he digerido la experiencia.

Irene nous manque

Irene se ha ido a Madrid. Ella lleva el seguimiento científico de la flota pesquera española en aguas senegalesas. Ahora acaba el contrato que firmó por dos años y su plaza ha salido a concurso público. Después de darle muchas vueltas al asunto, calibrando ventajas e inconvenientes y –como ellos dicen- “hablando en plural” con su Chaume, a quien aún no conozco, pero espero conocer pronto, ha decidido redactar el proyecto de renovación y presentarse al concurso. Por eso se ha marchado a Madrid un par de semanas. La estamos echando de menos. Cuando llegue, que llegará con él –se espera-, al día siguiente será su cumpleaños. Ya veremos cómo festejarlo.

Irene se ha convertido aquí en una especie de hermana (y si entramos en el esquema de la familia africana, en hermana completamente, sin “una especie de”).

Cuando se fue de vacaciones de Navidad, al saber que mi padre prefería dormir en cama y no en un colchón en el suelo, que era todo lo que yo le podía ofrecer, no dudó medio minuto en dejarme su casa. Prefiero que esté ocupada, dijo, además, así me cuidáis al gato. El gato resultó demasiado dependiente y maullador y no se despegaba de nosotros; cuando tenía que comer, no le apetecía, y se quedó tan canijo que creo que a la vuelta, de no haber confiado en mí, su dueña habría podido pensar que no le pusimos la comida ni un solo día. Por lo demás, disfrutamos de su casa, que es de auténtico lujo, con un jardín estupendo y un limonero que se cuaja de limoncillos verdes en el centro.

A su vuelta de las vacaciones de Navidad, seguimos haciendo cosas juntas, aunque sólo fuese quedar a tomar algo por su barrio (ese estupendo Fann Hock, tranquilo y animado a la vez, barrio popular lleno de críos que juegan a la pelota por la calle, con algún caserón toubab de medio lujo, la más que aceptable panadería La Reine y una plaza muy “cuca” -adjetivo prestado y que no me queda del todo bien, me tira bajo las mangas- donde pasear por las tardes), cenar con Oier después de su sesión de gimnasio… Con frecuencia charlamos incluso por Internet a través de Skype y, como nos seguimos en dinamismo y entusiasmo, es rebelle y confidente, siempre con la sonrisa ancha (como Amanda, la de Víctor Jara) y los ojos grandes bien abiertos, se ha convertido en una persona imprescindible para mi Dakar.

Últimamente, además, la casa de Irene es mi segunda casa. No sé cuántas noches he dormido ya en ella. Me estoy acostumbrando a llevar el cepillo de dientes, unas braguitas y la máscara de pestañas (que no falte) en el bolso, porque últimamente, aunque no sea fin de semana, no sé si dormiré en casa. Y os diréis que sería más sencillo dejar todo eso en casa de Irene y no ir por ahí cargando con ello, y no creáis que no lo he pensado, pero es que no es sólo la casa de Irene mi lecho improvisado, a veces es casa de Oier y alguna, incluso, el estudio de Lucía, así que –en realidad- al salir, muchos días, no sé dónde acabaré durmiendo.

APOSTILLA:
Irene tenía que haber llegado anoche, pero no lo hizo. Ha enviado un mensaje a Emilio anunciando el cambio de planes y diciendo que no nos preocupemos, que no pasa nada pero, entretanto, aún no sabemos cuándo se dejará caer de nuevo por Dakar. Hoy, 22 de febrero, es la víspera de su cumpleaños y, teniendo en cuenta que me marcho dentro de dos días, quizás no tenga ocasión de celebrarlo con ella. ¡Jo!

Así, inesperadamente, pillándoos por sorpresa, que lo sé, porque también me pilla a mí, que me ha dado el arrebato y he comprado el billete así, de un día para otro, os anuncio que voy: amigos, familia… el próximo martes día 26 de febrero a las ocho y veinticinco llegaré al aeropuerto de Málaga proveniente de Dakar después de cinco meses exactos de ausencia.

No lo tenía pensado. De hecho, mi plan era no volver hasta el mes de julio, fecha para la que compré mi billete de vuelta. De haberlo pensado antes, quizás me habría podido organizar para coincidir con Nieves, que vive en Pekín y estaba de visita en la ciudad por unos días. Sin embargo, sólo en los últimos dos días he estado calibrando la importancia de un evento fundamental en la vida de una de mis mejores amigas y he decidido que no puedo faltar a tal acontecimiento.

Algo que se produce una vez en la vida y que marca un hito en la vida de todo aquel que se dedica al ámbito académico: mi amiguísima Ioana (Ruxandra) Gruia, mente lúcida, amiga incondicional, estudiosa metódica e investigadora disciplinada, mujer apasionada y compañera estimulante defiende su tesis doctoral el próximo miércoles 27 de febrero en la Universidad de Granada.

Y yo quiero estar allí (Inch’Allàh!)

He recibido, de Lucía, un mail muy interesante: las imágenes y las cifras de lo que ciertas familias medias de diferentes países del mundo gastan en alimentación en una semana. Obsérvese también el número de miembros de cada familia.

Se me ocurrió enviarlo a todos mis contactos, pero los lectores anónimos de mi blog os quedaríais fuera, de modo que he decidido poner el material como post. Desconozco la fuente original de las fotos y los números, por lo que me resulta imposible citarla.
Allá va:

Alemania (Bargteheide): 375€ = 500 USD
familia alemana

USA (Carolina del Norte): 342 USD
black american family

Italia (Sicilia): 215€ = 260 USD
familia siciliana

Mexico (cuernavaca): 1900 pesos mexicanos = 190 USD
familia mexicana

Polonia (Konstancin-Jeziorna): 582 zlotys = 151 USD
familia polaca

Egipto (El Cairo): 390 pesos egipcios = 68 USD
familia egipcia

Perú (Tingo): 31,55 USD
familia peruana

Bhutan (Shingkhey): 225 ngultrum = 5 USD
familia Buthan

Chad (Campamento Breidjing): 685FCFA = 1,23 USD
familia Chad

Tras investigar un poco, he descubierto que las imágenes pertenecen al libro: Hungry Planet, de Peter Menzel y Faith D’Aluisio.

 

Algunas imágenes más:

Japón: 317 USD
familia japonesa

Gran Bretaña: 253 USD
familia inglesa

Kuwait: 222 USD
familia Kuwait

USA (California): 160 USD
familia California USA

China: 155 USD
familia china

Mongolia: 40 USD
familia mongolia

Me pregunto… si el hecho de irse, de marcharse, de vivir por un tiempo, o dos tiempos, o muchos tiempos, o durante toda una vida lejos del lugar donde nacimos, o crecimos, o se quedaron “los nuestros” ha de ser siempre visto como una huida por los que se quedan.
Los emigrantes no siempre son fugitivos.
Es el tópico de quienes están instalados en la ítaca, la tierra de los orígenes, de los ancestros.
Me pregunto si en lo más profundo de cada emigrado está realmente la idea -a veces quimérica- de la vuelta a casa.
¿Por qué lo único deseable tiene que ser no moverse del terruño?
Buscar más allá de las fronteras no implica una huida de lo que hay dentro de ellas.
A veces se va tras un objetivo claro, algo que no está dentro, sino fuera, al otro lado.
La presencia de algo negativo en el origen impulsa a la huida: buscamos la ausencia de ello más allá.
La ausencia de algo positivo en el origen impulsa a su búsqueda: huimos de la ausencia de ello acá.
Las dos son huidas y las dos son búsquedas. La huida de una presencia es la búsqueda de una ausencia y la búsqueda de una presencia es la huida de una ausencia.

¿No?

bailando con Luca
Bailando con Lucía
 con Diego y Perrine
con Diego y Perrine
con Vicens
con Vicens
supervivientes
Los supervivientes a la hora del desayuno (pasadas las ocho de la mañana)
Para más fotos, pinchad arriba a la derecha.
Para más explicación, buscar el neologismo “posfiesta” en mayúsculas negritas en el post anterior y leed a partir de ahí.

sprint

“[...] El tiempo natural de crecimiento de un árbol gigante puede demorar 50 años. El tiempo tecnológico para derribarlo con la motosierra dura sólo 5 minutos. ¿Cuánto tiempo necesitamos para crecer en madurez, en sabiduría, y para conquistar el propio corazón?
A veces una vida entera de 80 años es demasiado corta… El tiempo interior no obedece al tiempo del reloj. Necesitamos tiempo para trabajar nuestros conflictos interiores; a veces, esos conflictos nos obligan incluso a detenernos.
Una reflexión del maestro zen Chuang-Tzu, de hace 2.500 años, nos parece muy inspiradora. Cuenta que había una persona que quedaba tan perturbada al contemplar su sombra y tan malhumorada con sus propias huellas, que pensó que era mejor librarse de ambas cosas. Utilizó el método de la fuga, tanto de una como de las otras. Se levantó y se puso a correr, pero siempre que ponía su pie en la tierra aparecía la huella, y la sombra lo seguía sin la menor dificultad.
Atribuyó su error a que no estaba corriendo como debía. Entonces se puso a correr más velozmente, y sin parar… hasta que cayó muerto. Su error, comenta el Maestro, fue no haberse dado cuenta de que sólo con pisar en un lugar sombrío, su sombra hubiera desaparecido, y que si se hubiera quedado quieto, ya no habría habido más huellas que le siguieran…
¿No es eso lo que se impone hacer hoy? ¿Hacer una parada? [...]“

Leonardo Boff en el informativo Attac “Grano de Arena” n. 434

Luci Gutiérrez

La cita es larga, es cierto, incluso demasiado para lo que podríais esperar, pero se me hacía necesaria. Este post es también más largo de lo habitual, pero lo es por los mismos motivos por los que lo escribo: Vamos a paranos un ratito.

Tanto el texto de Boff como la parábola de Chuang-Tzu tienen suficiente miga como para hablar de la agonía con que se queman etapas en la producción y consumo de las nuevas tecnologías bajo la doctrina de “si es nuevo es bueno” o como para hablar del absurdo con que se obedece a la ley de la productividad en todos los terrenos de la vida (microondas para cocinar en menos tiempo, alimentos congelados para ahorrar tiempo, transportes velocísimos, Internet más rápido…)

Lo queremos todo ipso facto, de inmediato, ASAP, para ayer, así que sencillamente, cuando se da el pistoletazo de salida, miramos a lado y lado para calcular bien las distancias con la calle del vecino y echamos a correr un sprint que no se acaba nunca o cuya meta quizás sea el Infierno. Ni lo sabemos ni nos importa. Se nos pide que corramos y corremos sin chistar.

Escribir este post se me antojó durante la conversación de ayer, en la “posfiesta” -término bizarro de cuño ajeno, mas cercano, que explicaré más adelante- del fiestón de la comunidad española en Dakar que celebró Alberto en su casa este fin de semana.

Se dijo en cierto momento de aquella conversación de tila con pastelitos -que acabó pareciéndose a una terapia de grupo- que a los 33 años ya se es mayor, mayor para seguir “vagabundeando por la vida”, mayor como para sentar la cabeza, como para poner el huevo, tener un rincón fijo en el mundo, pensar en críos antes de que a una “se le pase el arroz”, asegurarse un menester y hasta una familia si se tiene vocación de ella, … ¡Uy!

Agemaps

Dicho por alguien y confirmado por otro alguien, dos de cuatro que éramos, aquello me dio un poco de vértigo: Entonces, pienso, ¿tengo menos de cuatro años para ello? A partir de los 33 ya se es demasiado mayorcete para seguir “echando currículum”… Eso se dice. La Pepa -acuñadora oficial de la palabra “posfiesta”- no se pronuncia y yo practico un gesto de extrañeza que se me está empezando a hacer demasiado frecuente.

Si entro en esta óptica, es de cajón que me ataca el síndrome de Bridget Jones, con quien identificarme no me resulta precisamente fácil. Entonces entro en mi propio loop de pensamiento: demasiado mayor, demasiado mayor, demasiado mayor… ¿para qué? Y entonces me imagino en una casita bonita, toda limpita, con un maridito y unos hijitos bien vestiditos y un trabajito fijito y fines de semana igual de rutinariamente programaditos que el resto de la semanita y me muero de aburrimiento de sólo pensarlo. ¡Ay!

Trato de irme al extremo contrario, al del vagabundo vital, pero no consigo imaginármelo del todo. No lo veo. ¡Cachis en estas limitaciones de la imaginación! Luego pienso en mí, en dónde estoy ahora, en lo que hago, en lo feliz que me encuentro, en cómo he llegado aquí y en el modo en que siempre “me he tirado” hacia lo que me ha apasionado en cada momento, en que cuando me he dejado llevar por la pasión y el entusiasmo he acertado, quizás por casualidad

Aaron Jasinski

Trato ahora de proyectarme en un “futurible”. Me veo sin poner el huevo, de acá para allá, viajando, viviendo en otros países… Si existiese un “cuerpo de lectores”, como existe en Italia, creo que me plantearía hacer esas oposiciones para pasarme la vida de destino en destino, trabajando cada tres años en un país diferente.

Esto me lleva a pensar en Corinna, una de las lectoras italianas que me dio clase cuando estudiaba Filología Italiana en la Universidad de Granada. Muy buena, por cierto. En cierta ocasión nos dijo que se sentía desarraigada, que no es que se arrepintiera de la elección vital que había hecho, pero que de haberlo sabido lo habría hecho de otro modo. Desarraigo. De nuevo entro en loop: desarraigo, desarraigo, desarraigo… ¿cuál? ¿respecto a qué? Desarraigo, arraigo, raíz… Andalucía, Málaga, familia, amigos…

desarraigo

¿Será cierto eso de que ya es hora de tomar una decisión? Según fuentes fiables, este año la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía prevé 1200 plazas en su convocatoria de oposiciones al cuerpo de profesores de Secundaria en la especialidad de “Lengua Española y Literatura”.

Mi querido David, el que decía que venía y no ha venido aún, el del texto sobre el Balneario de los Baños del Carmen del post anterior, ya me lo avisó antes -como rumor- en un mail, pero parece que ya es oficial. Según mi amiga Ángela, algo histórico. Ella ya tiene su plaza, pero en Madrid. Está contenta, pero no quiere influirme. Dice que me presente sin prepararlas, que no me hará falta. Se ve que me quiere y me valora.

Enseguida, lo primero que se me pasa por la cabeza es: me encanta dar clase pero ¿realmente disfrutaré enseñando a chavales de esa edad? ¿y si saco la plaza, qué? ¿cuándo y cómo podré pedir excedencia? ¿no se parece esto demasiado a esa vidita de la que hablaba?

Luego pienso en ventajas: en 25 horas semanales sin contar las de preparación de clases, en las vacaciones, en las tardes libres, en un sueldo digno, en el adiós definitivo a la precariedad laboral, en los intercambios internacionales -a partir de los tres años- y en las excedencias -a partir de los seis-… y me siento tentada. A ver, a ver, tengo que buscar los temarios, prepararlos, hablar con quienes ya hayan hecho la oposición, adelantar a mis alumnos de la uni los exámenes a principios de junio… Las hago y… la vida resuelta. ¡Hala!

Luego me sale la niña eterna que llevo en el bolsillo izquierdo del pecho, la que duerme entre el corazón y el esternón, y se rebela. Tú no quieres eso, me dice. Espera. Sigue moviéndote y conociendo. ¿Qué necesidad tienes de anclarte de ese modo? Ella es la misma que arenga a favor de la provisionalidad y del descubrimiento constante, de las endorfinas de la curiosidad y el enamoramiento, que aboga por los alquileres -más asequibles, eso sí- y estaría radicalmente en contra de comprar una casa o pedir un crédito -suponiendo que tuviera las condiciones para hacerlo-.

Pepita Pulgarcita

Ella, mi Pepita Pulgarcita, me pregunta enrojecida por la rabia ¿por qué esta manía de esclavizarse llamándolo “madurez”? Fue ella quien un día me hizo escribir -hay quien diría “me inspiró”- el texto que ahora tengo pegado a la puerta de mi dormitorio:

SI “MADUREZ” SIGNIFICA QUE NUESTRO COMPORTAMIENTO RESPONDA A CIERTAS EXPECTATIVAS IGUALES A TODOS,

SI ES “MADURO” SÓLO QUIEN SALE EN EL RETRARO, QUIEN CABE DENTRO DEL MARCO…

ENTONCES, RENUNCIO.

EN SU LUGAR PONGO AL PROCESO DE AUTOCONOCIMIENTO,

LA OBSERVACIÓN DE LAS PROPIAS LIMITACIONES

Y SU CONSTANTE DESAFÍO.

 

Entonces me digo que quizás no deje pasar la oportunidad de presentarme a esas oposiciones, que una oposición es después de todo un desafío de las propias limitaciones, que al fin y al cabo siempre puedo renunciar a la plaza si me hago con ella y veo luego que no va conmigo y me parece que prefiero esa vida de “vagabunda vital” que hoy tengo limitaciones para proyectar. Quizás sea cuestión de desafiar también esta limitación. O de pensar en pedir intercambios o excedencias ya antes incluso de que salga la convocatoria en el BOJA. ¡Ups!

¿Por qué tanta prisa sin preguntarnos adónde vamos? Me da la impresión de ver a tanta gente corriendo hacia delante a mi edad, casándose, endeudándose, abalanzándose sobre el primer hijo como si estuvieran en rebajas… que espero que no se tropiece ninguno, porque van en pelotón y la hostia iba a ser multitudinaria.

dominó

Yo creo que, por ahora, me voy a seguir tomando todo esto con calma, que me estoy volviendo africana y las prisas no me van nada de nada y que tanta cultura del consumo y la productividad va a acabar con el chiringuito de la humanidad.

POSFIESTA:

Noche del sábado 9 de febrero del 2008. Alberto organiza una fiesta curradísima cuya música compiló Pepa y cuyo grueso de asistentes no abandonó la sede hasta las seis de la mañana. Los restantes ocho decidimos que era lo suficientemente tarde como para desayunar juntos y demasiado temprano como para que las cafeterías estuvieran abiertas, así que decidimos hacer tiempo hasta las ocho.

Surgió la eterna discusión terminológico-política de “¿nuestra lengua es el castellano o el español?”, algo que ya me aburre tanto que creo que hasta eché una cabezada.

Después de desayunar en Letitia, seis de nosotros decidimos que no teníamos ganas de irnos y que, como irse a casa a por el bañador para pasar el día en la playa era un poco arriesgado porque la cama nos susurraría su amor, podríamos hacer un brunch juntos en el Encasse.

Durante el citado brunch convinimos en que no era buena idea irse a dormir dada la hora, que era más de mediodía y que si nos íbamos a casa a dormir el sueño atrasado seguramente nos despertaríamos a las nueve o diez de la noche completamente reposados y no podríamos dormir en toda la noche del domingo al lunes, lo que nos obligaría a ir a trabajar el lunes habiendo pasado la noche en blanco y empezaríamos muy mal la semana.

La solución ideal era mantenerse despiertos todo el día, ahorrarse así una resaca y acostarse tempranito para llegar al lunes más frescos que rosas. Y nos lo tomamos en serio, obligándonos unos a otros a hablar cuando nos entraba sueño, diciendo estupideces, riendo a carcajadas la risa tonta del exceso de cansancio, en la placidez más absoluta de sentarse sencillamente a escuchar música -Dulce Pontes, en concreto- en compañía, dejando a los granos del tiempo irse colando lentamente por el cuello del reloj de arena, sin hacer nada productivo y sin sentirnos culpables por ello.

Nos encantó.

mecedora

Y ahora, slooooooooow… Mezámonos.

No corráis, ¿quién os persigue?

He recibido este texto escrito por mi amigo David y me ha parecido imprescindible que lo leyéseis.

BC

Si harto estás de ciudades de cemento, de piedras y de asfalto
e impotente observas cómo los más torpes desfiguran
nuestros sueños con el triste argumento de hacer dinero.

Si te paraliza el desamparo cuando encuentras
grúas y camiones destrozando tus playas
y prefieres gritar antes de amar las cadenas
o revolverte antes de ciudadanizarte medio.

Si no entiendes por qué los saqueadores
siguen apropiándose de nuestros mundos
con la impunidad que le garantizan los políticos
y otros seres de condición dudosa.

Si sabes que nadie vendrá a arreglarlo
y que somos nosotros ahora,
quienes exprimiendo nuestras posibilidades,
podemos hacer de ésta una ciudad distinta,
has de saber que en Málaga hay
un trozo de mundo huido
de la desgracia que supone la muerte.

Un trozo de mundo con árboles y sombras
y una orilla que no se cansa
de contemplar atardeceres.

Y amenazan los saqueadores con cortar los árboles,
hacer que emigren las sombras
y que el sol sobre el cemento
saque a relucir una verdad terrible:
nos están acabando el mundo.

Los saqueadores lo destrozan, nosotros lo sufrimos.

Baños del Carmen 2

APOYA LA RESISTENCIA CONTRA LA DESTRUCCIÓN DE LOS BAÑOS DEL CARMEN. HAZLO AHORA. MAÑANA PUEDE SER TARDE.

PLATAFORMA EN DEFENSA DE LOS BAÑOS DEL CARMEN

 (J. David Vargas)

Desde A.I.

El día 15 de enero participé humildemente, de la mano de la Embajada, en l